Las tres preocupaciones principales de Jesús

Por José M. Castillo

En el informe, que José M. Vidal ha publicado en RD sobre una misa en la capilla de Sao Felix do Araguala (Mato Grosso. Brasil), el vicario general de la diócesis de Casaldáliga, Félix Valenzuela, recordó en la homilía que las tres preocupaciones principales de Jesús fueron la salud de los enfermos, la alimentación de los hambrientos y las buenas relaciones interpersonales.

Sobre estas tres preocupaciones de Jesús, que analicé ampliamente en mi libro “La humanización de Dios” (Trotta, 2009), quiero explicar algunas cosas que me parecen importantes.

Es verdad que Mc 1, 14 resume la misión de Jesús en el anuncio de la cercanía del “Reino de Dios”, la “conversión” y la “fe”. Pero lo que importa es precisar cómo realizó Jesús esta misión. No fundó una religión, ni construyó un templo, ni organizó un clero con sus rituales, ceremonias y normas sagradas. Además, se comportó con tal libertad respecto a todo eso, que en seguida entró en conflicto precisamente con los “hombres de la religión”. Un conflicto que le llevó a la muerte. ¿Por qué? Porque, para Jesús, más importante que el sometimiento a la religión, es la salud, la vida, la dignidad, la libertad y la felicidad de las personas. Esto es lo que destacan los sumarios, que presentan los evangelios, de lo que fue la actividad de Jesús (Mt 4, 23-24; 9, 35; cf. 8, 1. 16; 12, 15 s; 14, 35; 19, 21 y par.). Estos sumarios no son una exposición histórico-biográfica de lo que hizo Jesús. Son más bien un “cuadro general” de lo que después se particulariza en los relatos de la actividad de Jesús (U. Luz). La actividad que le llevó a la muerte. Porque la religión establecida no soportó el Evangelio. Es lo que viene a decir el evangelio de Juan cuando relata el juicio del Sanedrín y su sentencia de muerte. Precisamente porque Jesús le devolvió la vida al difunto Lázaro, lo que – a juicio de los profesionales de la religión – les ponía en grave peligro a los dirigentes del templo y al templo mismo (Jn 11, 47-53).

Todo esto no quiere decir que Jesús le concediera más importancia a lo humano que a lo divino. Lo que nos dice es que las religiones se organizan de manera que, con demasiada frecuencia, el argumento de la búsqueda de Dios se gestiona de forma que en realidad lo que se consigue es “poder”, “dinero” y “privilegios”.  Esto es lo que el Evangelio de Jesús no soporta.

Pero lo que sucedió es que, con el paso del tiempo, la religión no tardó en sobreponerse al Evangelio. No es posible, en el reducido espacio de este artículo, analizar cómo y por qué se produjo esta marginación del Evangelio. Lo que pretendo destacar es que – a mi modo de ver – la cristología y la eclesiología se tienen que replantear con urgencia. Para que sea posible analizar e interpretar la “religión” desde el “Evangelio” y no el “Evangelio” desde la “religión”, que es lo que (sin darnos cuenta) estamos haciendo, con demasiada frecuencia. Porque, si seguimos como estamos, seguiremos teniendo una teología, una Iglesia, una liturgia, una espiritualidad y una ética que, con el Evangelio en las manos, justifican y gestionan (“sagradamente”) las ambiciones más bajas y que más daño causan a los simples mortales, que no disponen de otra cosa que su limitada humanidad. Y el colmo del disparate será continuar con lo que estamos haciendo. Y además con la conciencia del “deber cumplido”. Así, no vamos a ninguna parte.

2 thoughts on “Las tres preocupaciones principales de Jesús

  1. comunidade grão de mostarda 7:51 pm 24 Jul,2017

    Nuestras felicitacións, querido hermano José María Castillo… Agradecemos tu frontalidade, tu aciercamiento del camiño de Jesus. Contigo compartimos las preocupaciones principales de Jesus. Tús libros son fuente para nuestro cotidiano…

    Gracias.

    comunidade grão de mostarda

    Forjães (Esposende) Portugal

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  2. George R Porta 5:32 pm 16 Ago,2017

    Leo: «Y el colmo del disparate será continuar con lo que estamos haciendo. Y además con la conciencia del “deber cumplido”. Así, no vamos a ninguna parte.»
    Sin embargo, a pesar de que comprendo la idea del Prof. Castillo, quizás lo necesario sea permitir que esta «enfermedad» siga su curso. Sé que Castillo no quiere que permanezca la Iglesia que precisamente critica y con razón, pero entonces ¿para qué querrá salvarla de perecer? Jesús no tuvo ese temor. Sé que es arriesgado ¿no es esa la naturaleza de la esperanza? ¿No consiste la fe en confianza? ¿No es esta quizás la «noche de fe» que vivió Jesús según los evangelios en el desierto?
    «Si el grano de trigo no muere…» Esta frase del evangelio sacudió a Gide cuando escribió su primera autobiografía en 1924 que ciertamente puede ser considerado como quiera el lector, pero que no deja de ser eso: La repentina comprensión que ha de salir de sus moldes y reconocerse por quien es con sus errores y confusiones, pero al fin de una larga y compleja existencia acoger a quien «es» no al André Gide público, sino romper la cárcel que representa y mostrar al André Gide sufriente, adolorido, traumado que es.
    Pienso que la Iglesia —y no hablo de la Iglesia como si ésta solo fuese la jerarquía, el clero, los profesionales de la religión católica, sino que incluyo ahí a los seglares que no somos menos responsables de la desnaturalización progresiva de aquél proyecto que los evangelios atribuyen a Jesús, el Galileo de Nazareth que han inmortalizado— tiene que romper la cáscara del huevo que aún la aprisiona o de lo contrario se asfixiará. No es curiosidad por lo desconocido, ni espíritu de aventura lo que hace que el pollito/a aprisionado en el huevo levante su cabeza y con el pico aún flexible quiebre la capa cálcica que lo aprisiona: ¡Es la asfixia!
    Pienso, un poco sacrílegamente si se quiere, que lo que movió a Jesús a reprochar su abandono en la cruz y poco después a efectuar su acto de confianza absoluta fue precisamente este sentimiento complejo de la asfixia que experimentaba posiblemente ya por horas, literalmente quizás, y la necesidad de acabar de acoger su máxima reducción a la humanidad más abyecta y ser mortal. ¡No hay otro momento de más alta humanidad que este de su expiración en la peor de las condiciones!
    Quizás si desde este lugar se pueda entrever como desde ningún otro la posibilidad de su divinidad e imaginar que la esperanza de resurrección pueda no ser tan descabellada como la historia se ha encargado de probar que sea.
     

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