Cáritas tacha de ‘obscenos’ los números de la desigualdad en España

Cáritas tacha de 'obscenos' los números de la desigualdad en España

SebasSebastián Mora, Secretario general de Caritas y miembro del Consejo de Dirección de Iglesia Viva, ha intervenido con afirmaciones rotundas en el debate-presentación de un libro. He aquí la información de Europa Press.

El secretario general de Cáritas Española, Sebastián Mora, ha advertido de que los datos del aumento de la desigualdad en España son “obscenos” y ha pedido a los gobernantes que afronten este problema que “no puede esperar a mejores mares”.

Así lo ha propuesto durante un debate organizado por entreParéntesis, de la Compañía de Jesús, y por la revista Razón y Fe a propósito del libro ‘España por reformar. Propuestas políticas, económicas y sociales’, coordinado por el director de entreParéntesis, Daniel Izuzquiza, y al que ha tenido acceso Europa Press.

Mora ha señalado que uno de los asuntos que se deben abordar con “urgencia” es el de la fiscalidad pues España “no tiene una fiscalidad redistributiva que genere igualdad”.
Ante esta desigualdad en España, Cáritas propone una “renta mínima” para entre 500.000 y 600.000 hogares españoles que no perciben ningún ingreso. “Es algo asumible”, asegura.

Asimismo, ha pedido que se tenga”cuidado” con la educación y la sanidad que “han sufrido un deterioro en los últimos años” y que, según ha precisado, están conectadas con la pobreza y desigualdad.

Concretamente, sobre la sanidad, ha apuntado que este era el segundo indicador que más genera desigualdad, según el informe de FOESSA; y en relación a la educación, ha criticado que el debate se centra más “en la excelencia” que “en la equidad”.

También ha denunciado el tratamiento que España le da a la migración, ante tragedias como la muerte de miles de inmigrantes en aguas del Mediterráneo. “Nos vemos en un espejo, lo que somos capaces de hacer, la indignidad a la que somos capaces de llegar, lo indiferentes que podemos ser”, ha subrayado.

¿Qué van a hacer los políticos?

Por su parte, el director de campañas y ciudadanía de Oxfam Intermón, Jaime Atienza, ha insistido en que es “inaceptable” que exista “una desigualdad tan grande”porque “millones de familias que quedan orilladas” y además, a su juicio, “se degrada la democracia”.

Por ello, en este año electoral, ha “exigido” a los políticos que “digan qué van a hacer para acabar con esta desigualdad”. Según ha indicado, los partidos han hablado de políticas de educación o sanidad pero Atienza quiere que se propongan, por ejemplo, “acabar en cinco años con la exclusión y con las brechas salariales” y que este debate “no quede guardado en un cajón”.

El coordinador de Cristianos PSOE Madrid, Juan Carlos González, ha admitido que en España existen algunos problemas fundamentales como son la desigualdad y el hecho de que sea “el país con mayor número de parados de Europa” y ha indicado que esto “hay que cambiarlo” y que “las soluciones no solo pueden ser técnicas sino también morales”.

Reforma Constitucional

En el debate también intervinieron algunos de los coautores del libro, como la profesora de Derecho Constitucional de ICADE María Isabel Álvarez, que se ha referido al “deterioro de la imagen de las instituciones y al descrédito de la clase política” y ha apuntado que el sistema político español “ha quedado obsoleto” porque “no se han aprobado reformas” de forma “tranquila”.

Otra de las coautoras, la abogada del Estado Elisa de la Nuez, ha explicado que “la idea de una reforma constitucional no tiene que asustar” a la población. Además, ha criticado la “falta de democracia interna, la selección adversa de las élites políticas y la falta de voluntad política para abordar de verdad el tema de la financiación”.

La Teología Universitaria

La Teología Universitaria
CostaodatJorge Costadoat es el jesuita chileno que fue expulsado recientemente de su cátedra de Teología en la Universidad Católica de Chile, por orden del Cardenal Ezzati y a causa de sus tendencias progresistas. Hoy escribe en la revista Reflexión y Liberación este interesante artículo que a todos nos interroga.
La cuestión de fondo que enfrenta la teología hoy, y que repercute en las universidades católicas, es un cambio de paradigma de enormes proporciones. La teología, para seguir siendo católica, ha debido transformarse en una reflexión sobre un cristianismo que no cesa de desarrollarse.  Pero, se dirá, ¿no ha debido ser siempre así? Sí, pero este es un descubrimiento teórico del siglo XX.
Hasta el siglo XX la teología procuró ser reflexión de la revelación de Dios ocurrida en Cristo, en Palestina y en el judaísmo que precedió a Jesús, reflexión que prosperó en un mundo cultural más o menos homogéneo, la cuenca del Mediterráneo y los países europeos. Esta teología, que quiso responder a este contexto histórico y cultural, no tuvo cómo ser consciente de sus límites. No era posible concebir una teología verdaderamente distinta de la que en ese entonces se hacía, aun cuando en la tradición eclesial sí tubo lucidez para no confundir la teología con Dios mismo. El concilio IV de Letrán, por ejemplo, sostiene que “no puede afirmarse tanta semejanza entre el Creador y la criatura, sin que haya que afirmarse mayor desemejanza”. La teología siempre ha tenido conciencia que sus afirmaciones sobre Dios son precarias.
En el siglo XX la teología, a diferencia de épocas anteriores, fue reconociendo la historicidad del ser humano y la necesidad de responder a los desafíos pastorales de contextos culturales plurales. Hoy, cuando la Iglesia prospera con nuevas fuerzas en Asia, África y otros lugares no tradicionales, y decae en Europa y el Primer mundo, ella se ha visto forzada a integrar nuevos temas y a innovar en sus formas de razonar.
La teología ha debido realizar un cambio inmenso porque, además, su reflexión no ha podido centrarse solo en lo revelado en el pasado ni tampoco en contenidos meramente teóricos. Lo decisivo hoy es comprender, a la luz de una tradición milenaria, la vida misma de los contemporáneos. Desde el punto de vista de la vida de las personas, más importante es entender lo que Dios les dice en el presente, en la actualidad, que lo que ha podido decir a otros en el pasado. Esto ha llegado a ser decisivo para la Iglesia. Así lo entienden las teologías más consistentes tanto católicas como protestantes.  Por de pronto, si los agentes pastorales (de obispos a catequistas, pasando por los sacerdotes) no tienen en cuenta los esfuerzos de la teología por llegar con el Evangelio a los contemporáneos, seguirán tratando inútilmente de enseñar lo que nadie quiere aprender: formulaciones doctrinales que pudieron servir en otras épocas, pero que en la actualidad, en los nuevos contextos, se han vuelto incomprensibles. Porque una cosa es el contenido de la fe (que no puede cambiar) y otra la forma de comunicarlo (que debe cambiar).
La teología actual ha descubierto que si no considera que Dios actúa y habla en el presente, está condenada al enclaustramiento académico. Al enciclopedismo. A la erudición intrascendente. Esta situación le impedirá el diálogo con las disciplinas científicas sin la cual la teología no puede cumplir su obligación de mediar fe y razón, fe y cultura, fe y justicia.
Este es el desafío y el drama de la teología universitaria. Si ella no se ejerce en un registro radicalmente histórico, si no reconoce que la verdad eterna solo se la alcanza cuando se la busca en la temporalidad y en un diálogo humano que no puede excluir a nadie, no habrá interdisciplinariedad alguna en las universidades católicas. La religiosidad de las personas en estas universidades complementa y puede animar el trabajo científico, pero jamás suplirlo. Cuando la religiosidad de los universitarios constituye el factor determinante de la catolicidad de la universidad, se generan patologías de varios tipos, comenzando por la vigilancia de los académicos.
Es más, la teología del siglo XX, porque tuvo que asumir a fondo la historicidad del ser humano, debió mirarse ella misma desde el futuro y confesar, en consecuencia, su índole provisional. Aquello que ella debe pensar tiene un pasado, un presente y un futuro. Es decir, que la verdad a la que aspira también está aún por realizarse. En consecuencia, la formulación de todas las conclusiones tradicionales han de ser siempre reconsideradas, enriquecidas y renovadas para transmitir el Evangelio del amor -que nunca cambiará- a las futuras generaciones.
La Iglesia necesita una teología universitaria. Pero no cualquiera. Es teología universitaria una que reconoce ante las otras disciplinas la historicidad de la ciencia y la suya propia. Es universitaria, bajo otro respecto, una teología que asume una orientación pastoral: una que tiene en cuenta los esfuerzos, fracasos y perplejidades de personas concretas que crecen y disminuyen, que se recuperan y avanzan hacia el Dios que las atrae por caminos que nadie puede saber por anticipado.
Jorge Costadoat, SJ

A vueltas y revueltas con la clase de religión en la escuela pública

A vueltas y revueltas con la clase de religión en la escuela pública

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Ramón Gascó Molina es un veterano suscriptor de Iglesia Viva, que dedicó muchos años de su vida a la enseñanza de la religión en la escuela pública y que nos envía este escrito para terciar en la polémica levantada por la reciente publicación en el BOE de los programas curriculares de la asignatura.

Debo advertir que la perspectiva desde la que enfoco este vidrioso tema es después haber ejercido como profesor de religión durante más de quince años en dos Institutos de Bachillerato de Valencia, otros dos años de teología en Seminario de Valencia y dos en “Estela”, escuela de Teología para laicos de los Jesuitas. También fui Coordinador Diocesano de los profesores de religión y, en colaboración de un grupo de ellos, edité once libros de texto aprobados por la Conferencia Episcopal. Todo eso en los años ochenta del pasado siglo.

Con ello no quiero arrogarme ninguna autoridad en la cuestión, sino situar la perspectiva desde la que hago mis reflexiones. Es decir que no hablo solamente desde teorías más o menos razonadas, sino desde de una larga experiencia, contrastada durante años en largas conversaciones con profesores de centros privados y públicos.

Soy consciente de la gran importancia del tema, porque en la escuela pública se libran las mismas o parecidas batallas apasionadas que en el conjunto de la sociedad civil.

Un dato muy significativo es que han pasado más treinta años y se mantienen los problemas y los posicionamientos ante el problema inalterables. Por eso veo muy difícil su solución. Pero para eso está Sísifo, por lo menos.

La enseñanza de la religión vuelve a ser motivo de debate. Es la señal de que no se ha resuelto bien el paso de la escuela nacional-católica a una escuela laica o aconfesional, como la que propicia la Constitución. Cuando un problema se enquista se busca la salida rápida que no es posible alcanzar.

Ahí se enfrentan los dos extremos del fanatismo sobre la religión, los unos exigiendo la desaparición y hasta la extinción y los otros reclamando su presencia como si con ello se defendiera la verdad absoluta de la fe religiosa, con la pretensión de cumplir la voluntad de Dios y enclaustrar a todos en la Iglesia, para lograr la salvación de sus almas.

Lo primero que debo advertir es que, como en otras cuestiones, simplificar es una forma de confundir, porque la realidad es muy compleja y a veces incluso contradictoria. García Montero en comentario a las recientes elecciones andaluzas da un consejo de sentido común: ”Hay otra decisión muy útil en tiempos de incertidumbre: el esfuerzo de comprender y respetar las apuestas de los otros que van en el mismo barco”.

La presencia de la fe religiosa en la sociedad, y no sólo en la escuela, es un ejemplo claro y clarificador de ello.

Esta es la razón por la que discrepo del manifiesto de las CCP (Comunidades Cristianas Populares) de Andalucía: “Rechazamos rotundamente la enseñanza de cualquier religión en Primaria o en Secundaria. Más en concreto, lamentamos muy seriamente la confusión que se crea entre la iniciación a la experiencia cristiana, que por su misma naturaleza no es evaluable, y una asignatura concreta que debe ser evaluada. Este es el sentido de una sana ‘laicidad’ que compartimos muchos cristianos y cristianas”.

Otros, por el contrario, ven justificada la presencia de la religión en todos los ámbitos de la cultura, de la política, de la legislación, de la enseñanza, de la familia y por supuesto en los terrenos de la intimidad de la conciencia personal.

Es el caso de la declaración de la Conferencia Episcopal que en coincidencia con la nueva ley de enseñanza, la LOMCE, pretende entrar en la escuela a catequizar y cuyas intenciones han dejado manifiestas en el B.O.E. del pasado 24 febrero. Basta trascribir unas pocas frases del documento.

—“Conoce, respeta y cuida la obra creada.

— Expresa con palabras propias el asombro por lo que Dios hace.

— Identifica y enumera los cuidados que recibe en su vida como don de Dios.

— Conoce y aprecia a través de modelos bíblicos que el hombre es capaz de hablar con Dios.

— Asocia las características de la familia de la Iglesia con las de su familia.

— Expresa el respeto al templo como lugar sagrado.

 — Valora y agradece que Dios le ha creado para ser feliz.”

Pretensiones estas que son enfáticamente catequizantes porque se pretende imponer la religión en temas como: la creación, la oración, la familia, la felicidad incluso.

En el otro extremo en cambio se reivindica la supresión de la religión en todo el espacio público reduciéndolo al terreno estricto del fondo de la conciencia. Quieren una sociedad laica, incluso prohibiendo toda acción o manifestación publica y su único argumento es que la religión es un medio para deteriorar de la libertad.

Es bien curioso que por otras razones coincidan con las CCP de Andalucía.

Yo veo en ambos extremos un empeño absurdo por ilusorio y a veces interesado, tanto pretender separar el uno del otro, como lo es confundirlos. Cada uno tiene su independencia pero con mutuas e inevitables implicaciones en las que el laicismo y la religión deberían ser intermediarios, cuando en realidad han sido beligerantes é incluso avasalladores. No sólo defienden su territorio, además pretenden invadir el otro.

Ambos debieran luchar por el mismo objetivo, la convivencia en paz.

Hay un agravante; me refiero a la historia de España donde esta lucha y confusión se ha vivido desde hace siglos respecto a la presencia de la religión en la escuela pública.

Podríamos decir que ya es un mal endémico, enquistado en nuestra historia. Me parece peligroso confundir por simplificación, y fanatismo de ambos campos. Los dos extremos: tanto la exigencia de una escuela atea sin religión y una sociedad sin ella, o lo que es peor una religión avasalladora de la libertad de conciencia.

Además veo que hasta cierto punto es imposible realizar dicha separación o la imposición de alguna de las dos, sin caer en la violencia.

No conviene a nadie en España olvidar nuestra terrible experiencia de la Guerra Civil del siglo pasado en la que ambos se repartieron los crímenes y las víctimas.

Por eso estoy convencido de que nos jugamos demasiado con la usanza de cualquiera de esos fanatismos en la Escuela Pública. Un somero repaso a la historia de la relación entre ambas evidencia que entre ellas ha habido solamente dos formas: una de incomprensión, hasta llegar a los conflictos bélicos y la otra de colaboración pacífica y provechosa. Y no vale echar las culpas los unos a los otros, tal como continúan haciéndolo muchos.

 

 

PROPOSICIONES PARA UNA PROGRAMACIÓN DE LA ASIGNATURA RELIGIÓN EN ESCUELA PÚBLICA.

 

El grupo de profesores de religión que trabajamos en equipo aquellos años difíciles de la transición, comprobamos que no sólo era posible, sino además daba frutos duraderos nuestra labor en los Institutos y Colegios de Valencia.

No es casualidad que nuestras propuestas, tanto en las clases como en los libros de texto, no fueron de confrontación y anatema, sino de humanización, apoyándonos y sin alejarnos nada de los valores esenciales del Evangelio.

Desde el principio tuvimos muy claro la diferencia entre evangelizar y catequizar.

Esta diferencia nos esclareció mucho las cosas.

En la escuela como en todas partes es ineludible Evangelizar y en la escuela publica es inadecuado, catequizar.

No hace falta explicar su diferencia. En pocas palabras evangelizar es sembrar y catequizar es cultivar para lograr fruto de fiel adhesión. Está claro que en espacio público tiene sentido evangelizar, que consiste en manifestar, explicar y a lo máximo proponer, sin otras exigencias que el rigor científico, la trasmisión de contenidos por parte de docente y su exacta comprensión por parte del alumno.

Es cuanto menos curioso, si no contradictorio, que sea la propia Conferencia Episcopal, en otro apartado del mismo documento, quién afirme que es improcedente catequizar en la escuela pública. Dice así:

“Lejos de una finalidad catequética o de adoctrinamiento, la enseñanza de la religión católica ilustra a los estudiantes sobre la identidad del cristianismo y la vida cristiana”.

Sin embargo no veo nada claro el trabajo de la evaluación de esta asignatura, como si fuera una más. Reconozco que es llevar a cabo una labor difícil pero imprescindible y que sería equivocarse de medio a medio eliminarla.

Habría que estudiar la forma para que su ejecución mantuviera las exigencias y el rigor de de las otras materias, pero evitando cualquier forma de ambigüedad que indujera a condicionar la asentimiento, como tampoco penalizar el rechazo de fe personal del alumno.

En este tema el profesor está obligado a mantener un equilibrio hasta cierto punto imposible. Debe esmerarse en presentar con todo rigor los conceptos de la doctrina evaluable, sin el objetivo de convencer ni lo que se dice “adoctrinar”.

La verdad adelgaza y no quiebra. Y en este caso se deben tener las ideas muy claras. El profesor no tiene por qué esconder ni disimular su fe personal ni sus convencimientos hasta el límite del apasionamiento. La objetividad no está reñida con la convicción personal, si se acepta sin sectarismo ni intolerancia. Se puede hacer guardando un difícil pero, no imposible, equilibrio.

Reconozco pues que este es el punto más delicado y peliagudo: el ejercicio de la evaluación del aprendizaje del alumno.

Mi opinión personal es que en esta tarea el docente debe tener un doble empeño: no sobreestimar el grado de adhesión por la fe del alumno, ni menos aún descalificar cualquier forma de rechazo de duda o crítica sobre la religión por parte del alumno.

Especialmente la crítica razonada de la fundamentación racional de la doctrina religiosa. Aquí tiene el profesor una oportunidad magnífica para aclarar en papel determinante y esencial del ejercicio de la libertad respecto a la fe.

En todo caso el mejor camino es la buena y cordial relación personal entre profesor y alumno. Es el camino por el que nunca se anda descaminado ni en los temas más delicados.

Para terminar intentaré resumir en cinco cuestiones, como ejes entorno a los debe girar todo el curriculum de la asignatura de Religión. No pretendo tanto hacer un acopio ó índice de contenidos, cuanto enfatizar en las raíces del cristianismo. Dicho de otra forma pretendo señalar los caminos a recorrer y en la dirección adecuada.

Esta clasificación la realizo seleccionando aquellos temas del cristianismo con los que se favorece la transversalidad uno de los medios más importantes de la pedagogía para formación integral.

 

Veamos:

1º.- El ecumenismo como el amplio marco de fondo. Un planteamiento integrado en un mundo globalizado es hoy inevitable y la única perspectiva razonable. Cualquier planteamiento encerrado en una capilla sería fomentar el fanatismo. Es necesario afrontar una cuestión peliaguda, relacionar las verdades de nuestra fe, que se dice “la verdadera”, con las otras religiones del mundo. La información fácil y amplia de la actualidad a través de las nuevas tecnologías y los medios de comunicación así lo imponen de forma irreversible. Querer cerrar o mejor tapar los ojos ante lo evidente es una empresa imposible y contraproducente.

 

2º.-.- El estudio de la Sagrada Escritura y su difícil interpretación cimentada en la aplicación de los métodos histórico-críticos para la interpretación de los documentos antiguos del A.T. y N.T.

Se ha dicho, y yo así también lo creo, que todo el movimiento de renovación del Concilio Vaticano II tiene su origen en el año 1943 con la publicación de la Encíclica publicada por Pio XII “Divino afflante Spiritu.”. Era la aplicación del método científico para conocer el objeto principal de la fé, los Libros Sagrados.

Con ello comenzó la primera revolución en el seno de la Iglesia.

De esa materia es precisamente de la que yo dí clases de Teología, hasta que, no sé por que causa, la suprimieron.

 

3º.-La historia, no la que podríamos llamar “historia sagrada” enclaustrada en lo religioso, como uno relato desglosado e independiente, sino por el contrario integrado en el devenir de la humanidad.

La esencia del cristianismo no es un sistema teórico de axiomas, ni un código de legislaciones, sino una historia: La del Pueblo de Israel, la de Jesús de Nazaret y la de la Iglesia. La teología de Ignacio Ellacuría, rector de la UCA Universidad del Salvador centra el objeto de estudio de la teología, como lo hace toda la Teología de la Liberación en hechos históricos.

Consecuentemente, más que una asignatura teórica como la filosofía o el derecho, lo es de historia real.

 

4º.- Un personaje singular: Jesucristo en su tiempo y luego en la Iglesia. Él es el fundamento de todo. Él es el lugar de encuentro y el esclarecimiento de todas las cosas.

La esencia del Cristianismo para la teología europea, después de decenas de años y miles de estudios, es EL KERIGMA, i.e la “Proclamación de la historia de la muerte y resurrección de Jesús”.

No sólo como anécdota es curioso que los once títulos de nuestros libros de texto de religión para el B.U.P. incluyeran el nombre de Jesús. Ahora, viéndolo a distancia de los años creo que fue un acierto.

El primero de ellos fue: JESÚS, EL ÚLTIMO HOMBRE. Y el último: JESÚS, UN HOMBRE SINGULAR.

 

5º.-Y por último, cultivar un clima de tolerancia antes que de polémica y confrontación con la sociedad y con las otras religiones e ideologías, especialmente el ateismo-agnosticismo.

Me parece que en este como en muchos otros temas el Papa Francisco ha dado en el clavo en la frase que transcribo. “Algunas de las mejores personas en la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos se hicieron en su nombre”.

¿Se puede decir más con menos palabras?

 

Ramón Gascó

 

 

 

 

Dificultades para aceptar el Concilio, ayer, y las propuestas de Francisco, hoy

Dificultades para aceptar el Concilio, ayer, y las propuestas de Francisco, hoy

001-00-PORTADAEn su intervención –que se puede escuchar en otra entrada de este blogAntonio Ariño, Vicerrector de Cultura y Igualdad de la Universitat de València, empezó diciendo que, buscando el porqué del título había ido a leer la Presentación del número 1 (1966). Allí no encontró que el nombre fue sugerido por Pedro Casaldáliga, entonces claretiano y amigo del primer director Fernando Sebastián. Lo mismo que el diseño gráfico fue obra de otro compañero, también famoso después: Maximino Cerezo.

Pero lo que encontró Antonio  Ariño en aquella presentación que todos deberíamos leer, es la cantidad de veces que aparecen los términos vida, vital y vivir: 20 veces. Lo más sorprendente es cómo retrataba esta declaración inicial de Iglesia Viva las dificultades que preveía para que el verdadero espíritu del Vaticano II penetrase en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia.

En la Iglesia de entonces esta presentación ve “un modo de vida fuertemente retraído de todo lo que no es eclesiástico, reforzado con unos mecanismos de recelo y de defensa que la historia se ha encargado de desarrollar”.  Y no es de extrañar que el Concilio encuentre resistencias en lo más profundo: “Los que habían imaginado una Iglesia del todo hecha y perfecta, a medida de nuestra pereza, han sufrido una grave conmoción ante el fenómeno de un Concilio”.  ¿Y qué pasa en la Iglesia de hoy ante las propuestas renovadoras del papa Francisco?

Claro que hay que confiar en que la renovación depende del Señor, pero ya los que iniciaron Iglesia Viva advertían en su primer número: “pero esta asistencia misericordiosa del Padre que, en Cristo y por el Espíritu Santo, conduce nuestras vidas hacia su propia plenitud, no se abre camino normalmente en nuestra existencia sino empapada en una compleja fronda de ideas, sentimientos e impulsos que dependen en gran parte de nuestro medio vital, de las personas con quienes vivimos y que influyen en nosotros“.

 

Ante la nueva etapa que comenzará Iglesia Viva en su cincuentenario que coincide con el de la clausura del Vaticano II, el renovado Consejo de Dirección de Iglesia Viva quisiera que todos los antiguos y recientes lectores de Iglesia Viva y de su blog, contestaran a alguna de las preguntas que ya formulábamos hace unos días otra entrada.

 

  • ¿Cuándo conociste por primera vez a Iglesia Viva? ¿qué ha significado para ti en la evolución de tu vida?
  • ¿Recuerdas algún número, algún tema o autor o alguna época que te impactaron más?
  • ¿Qué piensas de la misión de Iglesia Viva en esta nueva etapa?

 

Las respuestas pueden ir aquí abajo en la ventana de comentarios. Para ello hay que iniciar antes sesión como suscriptor o simple “registrado” (que es gratis). También se pueden enviar en un correo a parte a sus@iviva.org . Cuanto más eco tengamos de los lectores, mejor será nuestra programación del futuro.

 

Un jubileo para peregrinar hacia las periferias

Un jubileo para peregrinar hacia las periferias

FaggioliMassimo Faggioli* es un historiador y teólogo laico, procedente del grupo de Bolonia, hoy profesor en EEUU, que nos descubre el sentido que tiene un año jubilar que Francisco ha convocado a partir de los 50 años de la clausura del Concilio. Es una buena guía para leer la Bula de convocatoria.

El catolicismo de Francisco se expresa en la capacidad de combinar lo viejo y lo nuevo, el radicalismo evangélico y las devociones. En algunos casos, lo viejo recupera antiguas tradiciones de la Iglesia que parecen incompatibles con la eclesiología conciliar. Uno de estos casos es el Jubileo extraordinario de la misericordia, anunciado el 13 de marzo y delineado en la bula publicada el 11 de abril, Misericordiae Vultus. Con una reforma de la Curia que avanza a un ritmo lento, Francisco tiene ante sí un año y medio de intensos viajes (especialmente a los EE.UU.), la encíclica sobre el medio ambiente, el Sínodo de los Obispos y el Jubileo, que es una contribución especial y sui generis del Papa para la preparación y orientación del debate sinodal.

 

Los elementos tradicionales se manifiestan en que propone el instrumento jubilar de la cristiandad medieval, pero el contexto en el que aparece la decisión del Papa promete preparar un Jubileo diferente al del año 2000. Francisco coloca el año de jubileo (del 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016) dentro de la nueva evangelización (término que en el vocabulario bergogliano no tiene el mismo sentido que tenía con Juan Pablo II y Benedicto XVI) bajo el lema de la misericordia. La Iglesia está llamada a un Jubileo de la misericordia en el que la Iglesia no dispensa misericordia, sino que es el objeto de la misericordia divina: “Indulgencia es experimentar la santidad de la Iglesia que participa en todos los beneficios de la redención de Cristo, porque el perdón es prorrogado hasta el extremo al que llega el amor de Dios. Vivamos intensamente el Jubileo pidiendo al Padre el perdón de los pecados y la extensión de su indulgencia misericordiosa” (Misericordiae Vultus, par. 22). El Jubileo es una oportunidad para hacer “más fuerte y más eficaz el testimonio de los creyentes” (Par. 3). En este sentido, está lleno de sentido el extenso párrafo en el que Francisco motiva la elección de la fecha del 8 de diciembre de 2015: “Es el 50 aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano II. La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo ese evento. Para que empiece un nuevo camino de su historia” (Pár. 4). La larga cita de las palabras de Juan XXIII en la apertura del Concilio, Gaudet Mater Ecclesia, tiene un relieve similar al que tiene la misma cita en la exhortación Evangelii Gaudium: la decisión de un Jubileo en torno al tema de la misericordia, a partir del cambio histórico comenzado con el Concilio Vaticano II, confirma los paralelismos entre Francisco y Juan XXIII y entre las dos etapas histórico-teológicas. Lo mismo que en Gaudet Mater Ecclesia el papa Juan reprendió a los “agoreros”, de forma similar en la bula de convocatoria Francesco incluye un juicio sobre los recientes tiempos de la Iglesia: “La credibilidad de la Iglesia pasa por el amor misericordioso y compasivo [… ]. Tal vez durante tanto tiempo nos olvidamos de afirmar y vivir el camino de la misericordia. La tentación, por un lado, de pretender siempre y solo la justicia nos ha hacho olvidar que éste es el primer paso, necesario e indispensable, pero que la Iglesia tiene necesidad de ir más allá para llegar a una meta más alta y la más significativa “(par. 10 ).

 

Francisco no deja de recordar el potencial ecuménico e interreligioso del jubileo – uno de los rasgos de continuidad con el Jubileo de Wojtyla, entre las muchas discontinuidades. El tiempo y la forma del Jubileo de Francisco, así como algunos pasajes de la bula, permiten esperar un jubileo menos centrado en Roma y menos plasmado en grandes acontecimientos: el énfasis en los pobres y en la periferia, el acento en la corrupción y las tentaciones del dinero prometen un Jubileo de signo al de Juan Pablo II. Fue hace sólo quince años, pero parece que ha pasado un siglo.

 

* Profesor de Historia del cristianismo, Universidad de St. Thomas (St. Paul, Minnesota)

Adista, nº 15, Notizie. 20-4-2015

Empieza el cincuentenario de Iglesia Viva

Empieza el cincuentenario de Iglesia Viva

POSSUMUSEn 1965 se estaba preparando el primer número de una nueva revista para traer el Concilio a España, entre profesores del seminario de Bilbao y de los claretianos de Salamanca. Pedro Casaldáliga sugirió el nombre: “Iglesia Viva”. Y Maximino Cerezo hizo el diseño gráfico, incluyendo en la contraportada el logo “Possumus”. Todo el número 1 resulta de actualidad.

Como primer acto de este año cincuentenario, el 10 de Abril se celebró en la Universitat de Valencia el primer acto público: una síntesis de la historia (Antonio Duato), una exposición de los nuevos retos y objetivos de la nueva etapa (Teresa Forcades) y una presentación del último número 261: La política hoy, entre la utopía y el populismo (Antonio Ariño).

Ofrecemos los vídeos de acto, subidos a YouTube:

El día siguiente se celebró, también en Valencia, la primera reunión del Nuevo Consejo de Dirección del que también informaremos. Los componentes está aquí mismo, en “Sobre nosotros”

Pero, a partir de hoy, y en las sucesivas entradas sobre el cincuentenario de Iglesia Viva, invitamos a cada persona que nos visite a que nos envíe comentarios sobre:
-¿cuándo conocí la revista y me hice suscriptor?
-¿qué ha significado para mí Iglesia Viva?
-¿por qué pienso que es necesaria la nueva etapa que empieza para la misma?

¿Podrá Podemos? La situación después de Andalucía

¿Podrá Podemos? La situación después de Andalucía

BernardoTras las elecciones andaluzas, Bernardo Pérez Andreo, del Consejo de Dirección de Iglesia Viva, reflexiona en su blog de 21 sobre las posibilidades que tiene Podemos para dar el vuelco electoral que le lleve a final de año a La Moncloa.

 

No son pocos los que han puesto sus esperanzas en esta realidad que es la apuesta de Podemos por llegar al gobierno y transformar desde ahí la realidad de este país. Por eso mismo, los resultados de las elecciones de Andalucía han sido como una especie de jarro de agua fría, como un bajar a la tierra repentino, una sobredosis de realismo político. Los resultados, ya en la misma noche electoral, se reflejaban en la tristeza de los que se habían embarcado en el proyecto, una tristeza nada disimulada. Sin embargo, el análisis frío dejaba como resultado que el PP, la fuerza política responsable de la situación de sufrimiento de millones de familias, perdía un tercio de su electorado y el PSOE no podría gobernar sin algún tipo de acuerdo de investidura, lo que deja al nuevo gobierno en situación de precariedad. Pero, si comparamos los resultados con las expectativas que la misma formación había levantado, son un rotundo fracaso.

Los resultados han sido un rotundo fracaso, no por los votos obtenidos, sino por los que no se han movilizado entre aquellos que objetivamente sufren más las medidas políticas y económicas de los últimos cinco años: me refiero a los abstencionistas.Paradójicamente, quienes han dado la victoria al PSOE y han disimulado la hecatombe del PP, han sido los abstencionistas. Todos sabemos que hay una abstención técnica que ronda el 15%. Se trata de grupos que no votan nunca, bien por impedimento de cualquier tipo  o por situaciones especiales. Si la abstención fue del 37%, hay 22 puntos de abstención voluntaria, de personas que no van a votar porque creen que no sirve de nada. Estos son los verdaderos motores del cambio que propone Podemos y los que le han dado la espalda. Es decir, no han entendido que la propuesta de Podemos suponga ningún cambio respecto a las otras opciones.

Sabemos, por los estudios sociológicos, que el electorado que se dice de derechas vota sistemáticamente, no se queda en casa. En Andalucía se ha comprobado. Si sumamos los votos del PP y Ciudadanos, tenemos el número de votos de ese espectro ideológico. Faltarían 120 mil votos que está por ver si son abstención o han ido a Podemos. Lo que está claro es que Podemos ha sumado votos de IU y PSOE, 350 mil de los 585 mil obtenidos. Sólo ha movilizado un máximo de 250 mil votos abstencionistas, de un total de 2 millones de votos de abstención voluntaria. Con un millón más de esos votos, Podemos habría ganado las elecciones y pondría al PSOE en la situación de mostrar su cercanía con el PP o apoyar a Podemos. Ahora sucede justo lo contrario y es un escenario muy complicado para la formación en Andalucía. Si permite que gobierne el PSOE rondará el fantasma de IU; si no lo permite, el PSOE se mostrará como la víctima ante sus votantes, legitimando así un acercamiento al PP y a Ciudadanos,con lo que la situación real de Andalucía sería peor que antes de las elecciones.

Se puede colegir que Podemos no ha podido movilizar la fuerza transformadora de la sociedad, sino que ha peleado por el electorado tradicional, creciendo a costa de la izquierda electoral y sin llegar a la verdadera transformación que está en la transversalidad. Las campañas ideológicas de los medios de comunicación han funcionado y han introducido la idea en el electorado de que Podemos es la izquierda.Este ha sido su verdadero fracaso, un fracaso cantado teniendo en cuenta la centralización de los medios de comunicación y el poder de control de las élites sobre ellos. Sin embargo, esto no puede ser ningún alivio para Podemos. Su estrategia debe ser la de profundizar en la apuesta transversal como una fuerza política de frente amplio donde quepan todos aquellos que quieran transformar la realidad española.

Podemos ha fracasado esta vez, pero este fracaso puede ser un aprendizaje para las siguientes elecciones, donde se verá si es capaz de movilizar esa abstención que le daría la victoria electoral. Se podría aplicar aquella máxima de Samuel Beckett, ‘fracasa otra vez, fracasa mejor’. Cada fracaso es un jalón más hacia la victoria en las generales, pero hay que aprender de cada fracaso. De este hay que aprender a instalar el discurso político sobre la realidad y no ser ni utopistas ni posibilistas. Sólo lo imposible nos permitirá evitar la tenaza del realismo político y el utopismo estéril. El voto de Podemos no está en el PSOE, está en la abstención. Por error han dirigido sus ataques al PSOE y ese error les ha costado la derrota. Ahora hay que atinar hacia el verdadero centro de toda la transformación: la abstención. Sólo así podrá Podemos.

Müller sugiere una nueva tarea para la Doctrina de la Fe

Müller sugiere una nueva tarea para la Doctrina de la Fe

vatican insider

Andrea Tornielli, desde el portal Vatican Insider, nos pone sobre aviso de un descarado intento de someter al papa Francisco al control de supuestos expertos en teología que tendrían que velar para el que el papa no se apartara de la fe. ¡Puede haber mayor descaro de los amigos de frenar cualquier cambio legítimo como los que pretende Francisco quien, como aquí de ha defendido, posee mejor teología que Müller y Ratzinger juntos! ¡Vamos, teólogos! Esperamos comentarios

El cardenal alemán preanuncia una inédita competencia para su dicasterio: «estructurar teológicamente un pontificado»

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en una de las tantas entrevistas que ha concedido en las últimas semanas y que se concentran sobre el próximo Sínodo, habló de una nueva tarea para su dicasterio. Una tarea que nunca ha sido mencionada en los documentos que describen las precisas competencias del ex-Santo Oficio.

El purpurado alemán, en una entrevista con «La Croix», declaró: «La llegada a la Cátedra de Pedro de un teólogo como Benedicto XVI es probablemente una excepción. Juan XXIII no era tampoco un teólogo de profesión. Papa Francisco es también más pastor y la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene una misión de una estructuración teológica del Pontificado». Así pues, según lo que declaró Müller, el ex-Santo Oficio debe «estructurar teológicamente» el Pontificado de Papa Francisco. Y es probable que este sea uno de los motivos por los cuales el Prefecto intervenga tan a menudo en público, como nunca antes había sucedido.

Se trata de una significativa novedad, puesto que según el artículo 48 de la Constitución apostólica sobre la Curia romana «Pastor bonus», promulgada por Juan Pablo II e 1988, «labor propia de la Congregación para la doctrina de la fe es promover y tutelar la doctrina de la fe y las costumbres en todo el orbe católico».

Mientras el Papa «por voluntad de Cristo mismo», como recordó también Francisco durante la clausura del Sínodo de 2014, es el «Pastor y Doctor supremo de todos los fieles» (canon 749). Hasta hace pocas décadas (el último que lo había hecho había sido Pablo VI) era el mismo Pontífice quien presidía en primera persona la Congregación para la Doctrina de la Fe, justamente en razón de esta tarea que sólo recae sobre el Pontífice, en virtud del primado pietrino. Un primado que pertenece al obispo de Roma: presidir «en la caridad» y, si surgieran, también dirimir cuestiones teológicas.

Las palabras del cardenal Müller, con la introducción de la inédita y hasta ahora no formalizada tarea de «estructurar teológicamente un Pontificado», pasaron casi inobservadas. Pero, si por una parte abren escenarios nuevos con respecto a la tradición de la Iglesia, por otra parecerían dar a entender que, según Müller, el actual Pontificado (así como el de san Juan XXIII) no tiene la suficiente «estructura» teológica.

La política hoy, entre la utopía y el pragmatismo

La política hoy, entre la utopía y el pragmatismo

261-00-PORTADAEn este número 261, enero-marzo de 2015, IGLESIA VIVA se plantea la política no de una manera abstracta sino como se nos presenta hoy y aquí. Como una avalancha utópica que muchos temen como un cataclismo y otros esperan como un cambio epocal forzado desde el pueblo indignado.

Pero IGLESIA VIVA afronta este tema de la política hoy, no con simple entusiasmo mitinero, manejando emociones y simplificando los problemas sino con profundidad crítica y realismo. Desde el 2008 está reflexionando este equipo en los problemas que ha planteado la crisis y en las nuevas políticas que exige salir de ella con dignidad. He aquí la relación de los últimos números dedicados a temás sociales y políticos:

– 234: La formación política (2008)
– 236: ¿Un nuevo capitalismo? (2008)
– 240: Ética ante la crisis (2009)
– 244: Desigualdades y fraternidad cristiana (2010)
– 246: Reinventar la política (2011)
– 248: La crisis y el sistema económico liberal (2011)
– 249: Fascismo social y criminalización de la pobreza (2012)
– 253: La crisis: víctimas y victimarios (2013)
– 257: Evangelizar, ¿como si la crisis no existiera? (2014)
– 259: Movilización ciudadana responsable (2014).
(Consultar todos estos números en la pestaña La revista –> Colección completa)

Por eso hoy, al empezar un año en que se van a producir en España cuatro procesos electorales que podrían cambiar el mapa político de España, se pone a disposición de todo el que quiera pensar y profundizar en lo político un conjunto de artículos que tiene el lector a su disposición en esta misma página.

Si entras en la pestaña La revista –> Último número encontrarás el sumario completo y la presentación de todo el número.

Además de los estudios sobre las dificultades intrínsecas al pacto social siempre renovado (Velasco) que constituye el ideal de la democracia y sobre la tozudez de un sistema económico que se ha hecho global (Zamora), se presentan los caminos por donde transita la esperanza de más igualdad y fraternidad (García Roca). Esta tensión entre utopía y pragmatismo es la que viven cristianos concretos que llevan años militando tanto en la Iglesia como en los partidos de izquierda (DEBATE). Siempre en compañía creyentes con no no creyentes como lo testimonian los artículos de Santesmases y Fernández Buey (Página Abierta).

Este blog está pensado para recoger los comentarios de los lectores a este número. Para comentar, debes estar registrado o haber iniciado como suscriptor.

Por una Iglesia sinodal

Por una Iglesia sinodal

CastilloJosé María Castillo, cuando se cumplen exactamente dos años de la elección del papa Francisco, resalta lo más importante de su programa para la Iglesia. Recuperar su auténtica estructura democrática que, con el término de sinodalidad, fue defendida, como exigencia del Evangelio, por cristianos y obispos de los tres primeros siglos.

El profesor Alvaro Restrepo, jesuita colombiano, compañero mío en los años de estudio en la universidad Gregoriana de Roma, escribió esto, citándome, en el Anuario de los jesuitas del año 2014: “El Vaticano es una isla. Por eso, cuando tanta gente de buena voluntad dice que la Iglesia necesita un buen Papa, no se refiere a que el nuevo Pontífice sea conservador o progresista, de derechas o de izquierdas. Lo que importa es que sea un hombre libre y decidido. Necesita un hombre tan apasionado por el Evangelio, que desconcierte a todos cuantos en el papado buscan un hombre de poder y mando. El Papa debe resultar desconcertante. El día en que el Vaticano sea el ‘punto de encuentro’ de todos los que sufren, ese día la Iglesia habrá encontrado el buen Papa que necesita (José María Castillo antes de la elección del Papa Francisco)”.

Han transcurrido dos años desde el día en que el jesuita Jorge Mario Bergoglio fue elegido para suceder al dimitido Benedicto XVI. Y todo el mundo está viendo que el nuevo papa no se ajusta al modelo convencional y tradicional de ejercer el papado que se había impuesto en la Iglesia desde tiempo inmemorial. Como es lógico, cuando se produce un cambio tan importante, en una institución tan enorme como la Iglesia, hay gente que está de acuerdo con el cambio. De la misma manera que hay también muchísimas personas que no están de acuerdo con ese cambio. En cualquier caso, hay algo que resulta incuestionable. Me refiero a que, si el papa Francisco dura unos años más, y si logra configurar el número de cardenales electores de forma que el futuro papa prolongue las incipientes reformas, que Francisco está poniendo en marcha, lo más seguro es que la Iglesia que tenemos, dentro de una o dos décadas, será muy distinta de como es ahora mismo.

No se trata de que, ni este papa ni los que vengan después, vayan a cambiar lo que ningún papa puede cambiar. Un papa no puede modificar a su antojo los dogmas de fe, las verdades de “fe divina y católica”, sobre las que descansa la estabilidad y el ser mismo de la Iglesia. Eso no va a suceder. Pero lo que sí sucede es que en la Iglesia hay mucha gente que, por ignorancia o por fanatismo, piensa que son dogmas de fe muchas cosas que no lo son. Y si se trata de cosas que no son dogmas de fe, un papa las puede cambiar. Todo lo que son costumbres, tradiciones (no la “Tradición”), normas, cuestiones jurídicas y legales, etc, etc, un papa puede modificarlas. Y algunas (o bastantes) de ellas, no sólo “puede”, sino que “debe” hacer lo que esté a su alcance, en los asuntos que van a redundar en bien para la Iglesia y para muchas gentes en el mundo.

Por poner un ejemplo. Puede ocurrir que un papa sea menos “teológico-especulativo” que sus antecesores. Pero, si ese déficit se suple con el hecho de que el papa es más “pastoral-cercano” a la gente, sobre todo a la gente sencilla (enfermos, ancianos, niños, pobres…), ¿por qué vamos a hacer un problema de semejante cambio en la forma de ejercer el papado? Es más, ¿no se podría pensar que un papa cercano a los más sencillos y gente humilde es, por eso mismo, un hombre evangélico? ¿Y nos vamos a escandalizar de eso? Es más, ¿se puede asegurar tranquilamente que Jesús – el Jesús que presentan los evangelios – no hizo teología? Lo que pasa es que en el Nuevo Testamento nos encontramos con dos modos (o modelos) de hacer teología. Una cosa es la “teología especulativa” de Pablo. Y otra cosa es la “teología narrativa” de los evangelios.

Esto supuesto, lo que está ocurriendo ahora mismo en la Iglesia es que el papa Francisco está recuperando, con su sencilla espontaneidad y su forma de vivir, la fuerza enorme que tiene el relato (la teología narrativa). Sobre todo cuando ese relato responde a los anhelos, carencias, necesidades y búsquedas de la gente más sencilla, la que no sabe de teologías ni alcanza a seguir las especulaciones de los grandes maestros del pensamiento.

Pues bien, como es lógico, lo que acabo de apuntar tiene tantas y tantas aplicaciones a lo que viene ocurriendo en la Iglesia y en el mundo, que resulta imposible abarcar todas las consecuencias que de lo dicho se siguen. Por eso, yo me voy a limitar a una de esas posibles consecuencias. Porque me parece que así tocamos uno de los temas más importantes (y más urgentes) en el empeño por renovar la Iglesia. Me refiero al tema de la “sinodalidad de la Iglesia”.

Y es que, en los ambientes cercanos a la Curia Vaticana, se habla ahora con frecuencia de un proyecto capital que está resultando determinante en el gobierno de la Iglesia, tal como lo entiende el papa Francisco. Se trata de la “reforma del papado” o, para decirlo con más precisión, de la llamada “conversión del papado” (Marco Politi, Francesco tra i lupi. Il segreto di una rivoluzione, Bari, Laterza, 2014, 146). Esta reforma tendrá, como componente esencial, el proyecto de recuperar para el gobierno de la Iglesia, la “sinodalidád”. Así lo había ya indicado el mismo Francisco en la entrevista que concedió al director de “la Civiltà Cattolica” (19. 09. 2013).

¿Qué es una Iglesia sinodal? Como es bien sabido, esta expresión no se refiere al hecho de que, cada dos años, el papa convoque un sínodo en Roma para debatir un tema teológico más o menos importante. “Iglesia sinodal” fue la Iglesia de los siglos III al IX, que estuvo gobernada de tal manera que las Iglesias locales (o nacionales) se auto-gobernaban por sí mismas mediante los sínodos o concilios locales o nacionales. Sínodos que eran presididos por los obispos de cada región o de cada país. La teología de esta forma de gobierno de la Iglesia fue sabiamente formulada por san Isidoro de Sevilla en el Ordo de celebrando concilio, redactado por el mismo Isidoro, para el IV concilio de Toledo (a. 633), un texto que tuvo una amplia difusión en Occidente (Y. Congar, L’ecclésiologie du Haut Moyen-Age, Paris, Cerf, 1968, 131-138). Es más, sabemos que hubo obispos y teólogos, ampliamente reconocidos en la Iglesia de aquellos siglos, como es el caso de Hinkmaro, Benedictus Levita o el autor de las Seudo-Decretales, para quienes el papa incluso estaba obligado a observar los cánones de los sínodos y a ejercer su autoridad de acuerdo con las decisiones de dichos sínodos (K. F. Morrison, The two Kingdoms. Ecclesiology in Carolingian political thought, Princeton, 1964, 71-98).

Lo que acabo de indicar puede parecer extraño o incluso escandaloso a no pocos católicos, que sólo conocen de la Iglesia y del papado lo que se ve y se oye en los últimos tiempos. Pero las cosas no fueron siempre así. Voy a poner un solo ejemplo que es elocuente por sí mismo. En el otoño del año 254, el gran obispo de Cartago, que fue san Cipriano, tuvo que resolver, en un sínodo, reunido en el mismo Cartago, el problema que habían planteado los fieles de tres diócesis españolas. Se trataba de las diócesis de León, Astorga y Mérida. En estas diócesis, los obispos había flaqueado en la persecución de Diocleciano. Los tres prelados no habían confesado su fe y, ante tal cobardía, las comunidades los habían depuesto de sus cargos. Uno de estos obispos, un tan Basílides, acudió a Roma, al papa Esteban, seguramente con una información no del todo objetiva. El papa lo repuso en su cargo. Lo que indignó a los fieles, que acudieron a Cipriano. Éste reunió un concilio local para resolver el asunto. La resolución está perfectamente documentada y nos ha llegado en la carta 67 de Cipriano, que además está firmada por los 37 obispos que asistieron al concilio. Parece, por tanto, esta forma de gobierno de la Iglesia estaba ya bastante extendida y aceptada en el s. III.

Así las cosas, lo que aquí interesa es saber que la carta sinodal de aquel concilio de Cartago afirma tres cosas: 1) El pueblo tiene poder para elegir a sus ministros, concretamente al obispo (Cipriano, Epist. 67, IV, 1-2). 2) El pueblo tiene poder para quitar al obispo cuando éste se comporta de manera indigna (Cipriano, Epist. 67, III, 2). 3) El recurso a Roma no debe cambiar la situación, porque ese recurso se ha hecho sin atenerse a la verdad y sinceridad que requieren estas decisiones (Cipriano, Epist. 67, V, 3) (cf. José M. Castillo, La alternativa cristiana, Salamanca, Sígueme, 1978, 192-193).

Es evidente que todo esto indica una mentalidad según la cual la Iglesia tenía su centro, más en la comunidad del pueblo creyente, que en el clero y en la jerarquía. Es importante saber que, en el tiempo de los Padres y en toda la alta Edad Media, los sínodos repetían frecuentemente el criterio que formuló el papa Celestino I: “nullus invitis detur episcopus”: “ningún obispo se les imponga a quienes no lo aceptan”. Para nombrar a un obispo se requería la aceptación y el deseo del clero y del pueblo: “Cleri, plebis et ordinis, consensus ac desiderium requiratur” (Celestino I, Epist. IV, 5. PL 50, 434 B). Y conste que este criterio estuvo en vigor hasta el s. XI, como consta en el Decreto de Graciano (c. 13, D. LXI. Friedberg, 231. Cf. J. A. Estrada, La identidad de los laicos, Madrid, Cristiandad, 1990, 128).

Por supuesto, la Iglesia nunca perdió la idea y el sentimiento del primado papal. De forma que el obispo de Roma intervenía en la solución de los asuntos más graves o que no podían decidirse a nivel local. Además, siempre se tuvo el convencimiento según el cual “el papa tiene la autoridad de Pedro si tiene la fe, la justicia y las costumbres de Pedro”. Una convicción mantenida y difundida por los papas, obispos y teólogos del Alto Medievo (Y. Congar, o. c., 162-163.

A partir de estos criterios, y mediante eta forma de gobierno, la Iglesia de aquellos siglos se mantuvo fiel a la fe en Jesús el Señor, fiel al Evangelio y fiel a su misión en el mundo. Ymientras se mantuvo así, pudo influir decisivamente en la cultura, en las costumbres y en la vida de los pueblos y las gentes de aquellos tiempos. Fue una Iglesia que tuvo una presencia y una fuerza que hoy ya no tiene. Una presencia y una fuerza que el papa Francisco quiere, a toda costa, recuperar. No para ganar poder y prestigio, sino para ayudar a humanizar el “mundo desbocado” (A. Giddens) que tenemos en este momento