Fragantes errores sobre Spinoza

Manuel Santos Santorum, era sacerdote jesuita cuando dejó su Galicia natal. Ahora es profesor laico jubilado, residente en Argentina, donde se enraizó, teniendo también la nacionalidad argentina. La continuada lectura de Spinoza le está alimentando de sentido su vida. La ha herido la manera con que ha sido tratado este autor en la conversación del papa con Scalfari y nos envía unas apostillas para aclarar algunas cosas.

Acabo de leer el artículo de Scalfari sobre su nueva entrevista con el Papa, en la traducción que ofrece iviva.

Estoy alarmado de la falta de la más elemental seriedad y responsabilidad, en lo atinente a documentación y crítica histórica en el tratamiento de estas cuestiones (me refiero principalmente al asunto Spinoza) por parte de dos personas que ocupan un alto rango jerárquico cada uno en su área. Tal vez las prisas en publicar las opiniones papales sobre los refugiados antes de que acabase el G20, hizo descuidar el tratamiento de este otro tema.

Vamos a los disparates concretos en que caen ambos interlocutores:

  1. Spinoza no emigró de Portugal, sino que nació en Amsterdam en 1632. Los que emigraron fueron su abuelo y su padre.
  1. El único tratado, fuera de otros escritos menores, que Spinoza publicó en vida, fue el Tratado Teológico-político. Concretamente la Ética, cuya elaboración interrumpió para escribir dicho Tratado, no quiso que se publicara en vida, ni siquiera les dio a conocer su contenido a sus más íntimos y fieles, pocos, amigos o “seguidores”.
  1. La Ética, junto a todas las demás obras de Spinoza, incluido el Tratado Teológico-político, fue publicada por sus amigos en el volumen Opera Posthuma, en latín y holandés, en diciembre de 1677. Spinoza había muerto en febrero del mismo año 1677.
  1. La “excomunión”. Spinoza fue “excomulgado” (más propiamente “expulsado” mediante el proceso llamado ‘herem’) de la comunidad judía el 26 de julio de 1656. Es falso que también haya sido excomulgado de la Iglesia Católica, a la que nunca perteneció, a pesar de sus buenas relaciones con cristianos liberales de la época, principalmente con el ex-jesuíta Van den Enden, con quien aprendió latín y filosofía escolástica de orientación suareziana. Cae por su propio peso, entonces, la otra gafe histórica de que la excomunión de la Iglesia se hubiera producido por acusación de los jesuitas. A esta tremenda e incomprensible gafe, Jorge Bergoglio añade otra mayor aún, la de que los jesuitas estuvieran entonces “extinguidos”. Carlos III expulsa de los dominios de la Corona Española a los Jesuitas en 1767. Y Clemente XIV, mediante el Breve “Exposcit Debitum” decreta la supresión de la Compañía de Jesús en 1773, un siglo después de muerto Spinoza.
  1. Lo que sí se produjo fue la inclusión, por parte de la Inquisición, en el Index de libros prohibidos del Tratado Teológico-político el 3 de febrero de 1679 y de las Opera Posthuma el 20 de agosto de 1690.
  1. Toda la disquisición ulterior de Scalfari sobre la inmanencia versus la trascendencia de Dios en Spinoza, en la que se prende también Jorge Bergoglio, lo único que muestra es, por parte de Scalfari un “desconocimiento” (‘carentia scientiae non debitae’) y por parte del Papa una “ignorancia” (‘carentia scientiae debitae”) de qué se trata.

Espero que la persona y la obra de Spinoza sean reconsideradas con mayor seriedad y profundidad por la teología católica y por este papa que quiere ser renovador.

Precisamente el mensaje central del Tratado Teológico-político es este: que a las verdades fundamentales de la existencia humana, a las que supuestamente se accede por la fe y que están “reveladas” y depositadas en la Escritura, también se puede acceder por la razón humana.

Y para muchos cristianos o poscristianos, la lectura sin prejuicio de los escritos de Spinoza puede proporcionarles un pensamiento coherente y un estilo de vida.

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